top of page

Festival del recuerdo

  • Foto del escritor: Luisina Gudiño
    Luisina Gudiño
  • 8 nov 2025
  • 2 Min. de lectura

Después de que el primer Heliotex se disolviera en mis manos, dejando su núcleo cristalino como semilla de memoria, su ADN solar se convirtió en base para una nueva generación. Pero no bastaba con resistir la radiación. Necesitaba volver a crecer. Necesitaba quietud. Conexión. Raíces.

En el laboratorio del Valle Prisma, junto a los bioingenieros, fusionamos el núcleo cristalino del Heliotex con las hifas vivas de Phanerochaete chrysosporium, cultivadas en residuos de algas de la Confluencia. No fue una mezcla. Fue un pacto. El Heliotex aportó su memoria de la luz. El micelio, su red de reparación silenciosa. El resultado no fue un tejido nuevo. Fue una especie nueva: Luminex que no lo tejió la Ariadna-7. Lo cultivó.


En cámaras de humedad controlada, bajo ciclos de luz UV suave y oscuridad profunda, las fibras se entrelazaron por sí solas: el Heliotex formando su espiral solar en el interior, el micelio tejiendo una red de hifas que respondía a la presión, la temperatura, incluso al latido de quien lo llevaba. Durante tres semanas de pruebas, Luminex resistió exposiciones extremas, ciclos de deshidratación, incluso un intento de corte con láser. Y cada vez, sin intervención humana, se regeneró. No como un tejido que se repara. Como un cuerpo que sana.

Entonces, con el primer rollo de Luminex, confeccioné el traje.

No fue cosido. Fue formado. Sobre un maniquí bioestructurado, las fibras se expandieron en respuesta a mi silueta, siguiendo patrones de flujo térmico que yo misma registré durante días de meditación en el borde del Valle. El traje nació como una segunda piel: por el día, su superficie se torna translúcida, dorada, como si contuviera un sol en su interior. Por la noche, emite una luz azul profundo —no por fluorescencia, sino por bioelectrónica activada por el micelio—, una emisión que se intensifica cuando alguien se acerca, como si recordara su presencia.

Lo llamé Luminex: por la luz que guarda, y por la red que lo sostiene.

Lo presentaré en el Desfile del Recuerdo como un acto de reverencia, no de exhibición. No es un traje para ser visto. Era un traje para ser sentido.


La melancolía quizás es una parte esencial de mi trabajo, en esta yuxtaposicón podremos ver como en el pasado la diseñadora textil Iris Van Harpen con su Colección Sympoiesis. mantuvo algunos lineamientos de los que hoy trabajo, pero de una manera experimental.

 
 
 

Comentarios


bottom of page